Posiblemente nuestro día más completo desde que aterrizamos en la Isla, ha sido el que nos desplazamos a las bañeras de Josephine Bonaparte, mujer de Napoleón, nativa de Martinica. No era tonta la tía…menudo sitio que elegía para darse sus baños. En medio del mar, con aguas turquesas…y sin nadie a su alrededor.
Para llegar al sitio, es necesario trasladarse en barca. Para ello hemos pagado doce euros, son excursiones guiadas.
Primero desde Francois, en el centro del este, nos llevaron a una isla surcando varios peñascos…quien viva ahí plata debe tener…que maravilla, la meca del ascetismo. Una vez llegamos a la isla, allí nos dejaron unas seis horas más o menos. Era una cala pequeñita (en ella también apreciamos las primeras aguas turquesas del día), de arena blanca y fina. Comimos, nos bañamos (una y mil veces), también hubo tiempo de achicharrarse (no veáis como pegaba Lorenzo!! Nos ha dejado el naso al rojo vivo).
Una vez pasado el tiempo, volvió la barca y nos trasladó a las bañeras, el punto clave de la expedición. Que lujazo…tuvimos la sensación en ese momento de ser millonarios, es el agua más transparente, sin lugar a dudas, en el que jamás nos hemos bañado. Con música, ron…y la transparencia absoluta, cristal.
Para continuar con la incredulidad, después nos llevaron a otra isla, en ella solo había un chiringuito…allí las tomamos…bajo el sol.
Una vez ya con el pie en tierra, y para no desentonar con el día vivido dimos a parar a un bar en Lamentin…nos invitaron a cenar (pescado, carne, arroz, ensalada, vino…y hasta postre de coco).
Lo dicho: como millonarios.
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